Feb
22nd

Mensaje de Cuaresma del Padre Max Ozuna, OAR: Párroco de la Cocatedral

Mensaje de Cuaresma a todos los fieles católicos y hombres de buena voluntad de nuestra Parroquia San Miguel Arcángel, Totonicapán:

Con el Miércoles de Ceniza comenzamos la Cuaresma, uno de los cuatro tiempos fuertes del Año Litúrgico en la Iglesia, junto con el Adviento, la Navidad y la Pascua.

La Cuaresma es un período de cuarenta días de preparación para la Pascua, el paso de nuestro Señor Jesucristo de la muerte a la vida.

La Cuaresma es un tiempo de sacrificio y un tiempo para compartir.  Es un tiempo largo, sí, porque bien sabe la Iglesia que no se cambia el corazón de un día para otro. El mal suele arraigar profundamente en el alma, creando hábitos perversos que la endurecen y matan. Se necesita paciencia y constancia en el trabajo de arrancar las yerbas del mal y hacer florecer las plantas del bien.  Que en nuestra Parroquia, en nuestras comunidades, en nuestro municipio de Totonicapán seamos capaces de transformar las yerbas de la inseguridad, de la pobreza, de la desnutrición en plantas de seguridad, trabajo y bienestar para todos

También la cuaresma es tiempo propicio para meditar la palabra de Dios, compartir nuestros bienes con los pobres, y curar las heridas del corazón con misericordia y perdón. Además la Iglesia enfatiza, como signo concreto de vuelta a Dios, las prácticas  del ayuno, la limosna y la oración.  Que estas prácticas cuaresmales nos ayuden a crear comunidades reconciliadas, comunidades incluyentes y comunidades alegres.

Vivamos esta Cuaresma 2012 de una manera especial. Que nuestros ayunos sean prácticos y efectivos para poder crecer en nuestra convivencia comunitaria.  Por eso les exhorto a que ayunemos de la siguiente manera:

  • Ayuna de juzgar a otros; llénate del Cristo que vive en ellos.
  • Ayuna de palabras hirientes; llénate de palabras que purifican.
  • Ayuna de descontento; llénate de gratitud.
  • Ayuna de enojos; llénate de paciencia.
  • Ayuna de pesimismo; llénate de optimismo.
  • Ayuna de preocupaciones; llénate de confianza en Dios.
  • Ayuna de quejarte; llénate de apreciar lo que te rodea.
  • Ayuna de las presiones que no cesan; llénate de una oración que no cesa.
  • Ayuna de amargura; llénate de perdón.
  • Ayuna de la importancia de ti mismo; llénate de compasión por los demás.
  • Ayuna de ansiedad personal; llénate de esperanza eterna en Cristo crucificado.
  • Ayuna de desaliento; llénate de esperanza.
  • Ayuna de pensamientos de debilidad; llénate de las promesas que inspiran.
  • Ayuna de todo lo que te separe de Jesús; llénate de todo lo que a El te acerque.

Y solamente así podremos tener una FELIZ PASCUA DE RESURRECCION.

P. Max Vidal Ozuna Ortega, OAR; Párroco de la Cocatedral de San Miguel Arcángel 

Nov
13th

Homilía Domingo 33° Ordinario 13 de noviembre de 2011 – Ciclo A

La parábola de los talentos nos convoca a la responsabilidad.  Jesús cuenta la parábola en el contexto de su enseñanza acerca de las realidades finales, para recordarnos que debemos dar cuenta a Dios de nuestra gestión en esta vida.  Somos responsables ante Dios del modo como hemos empleado nuestras habilidades y cómo hemos desempeñado nuestros cargos y tareas, puesto que es ese mismo Dios quien nos ha dado la vida para que lo conozcamos, lo amemos y lleguemos por las buenas obras y con la ayuda de su gracia a la plenitud la que Él nos creó en primer lugar.

El talento era una moneda de muchísimo valor.  En la parábola, el propietario que va a salir de viaje deja en manos de unos servidores de su confianza diversas cantidades de dinero.  A uno le deja cinco, a otro dos y a otro solamente un talento.  El propietario que sale de viaje es Dios, que nos entrega la vida y este mundo para que lo administremos.  El viaje del propietario es un signo de la autonomía y de la libertad con la que actuamos en esta vida.  Dios no es el policía que está encima de nosotros vigilándonos y corrigiéndonos hora tras hora.  Así como aquellos servidores debían actuar según sus habilidades y recursos, sin poder preguntarle a cada momento a su patrón cómo y qué debían hacer, así también nosotros en este mundo tenemos libertad y autonomía para actuar.  Sin embargo, no estamos del todo ciegos.  Dios nos ha dado sus mandamientos y Jesucristo nos ha legado su evangelio.  Tenemos cabeza y razón para pensar y descubrir lo que es verdadero, lo que es justo, lo que es bueno.  La vida está en nuestras manos, pero para gobernarla con responsabilidad, sabiendo que debemos dar cuentas a Dios, quien nos la dio, de lo que hagamos en ella.

En la parábola el propietario no reparte sus bienes en partes iguales para que cada empleado tenga igual responsabilidad.  Así también ocurre en este mundo.  Nacemos con diversas habilidades, aprovechamos de muy diverso modo las oportunidades que se nos presentan, nos asignan tareas y responsabilidades muy distintas.  Hay personas que reciben responsabilidades, tareas y misiones grandes y de gran incidencia; hay otras que tienen tareas y responsabilidades más modestas y de menor incidencia.  Si bien es verdad que todas las personas son iguales en dignidad, somos todos diferentes en habilidades, capacidades y también en las tareas y trabajos que nos toca desempeñar.  Pero todos debemos emplear nuestras capacidades y habilidades al máximo; todos debemos cumplir nuestra misión y tarea con la máxima responsabilidad.

En la parábola, dos de los tres empleados hicieron que el dinero recibido rindiera sus frutos.  Ambos duplicaron el capital recibido.  El que había recibido cinco, produjo otros cinco.  El que había recibido dos, produjo otros dos.  Al rendir cuentas ante su patrono, ambos escucharon las mismas palabras de aprobación de parte de él: Te felicito, siervo bueno y fiel.  Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho valor.  Entra a tomar parte en la alegría de tu señor. Por supuesto que el que había recibido cinco tuvo una mayor responsabilidad que el que había recibido sólo dos.  Pero la medida de la aprobación no es el tamaño de la responsabilidad, grande o pequeña.  La medida de la aprobación final corresponde al esfuerzo empleado en desempeñar la misión recibida de manera eficiente y cabal.  Así también actúa Dios con nosotros.  Nos pedirá que cada uno el fruto de nuestro trabajo y desempeño, desde sus habilidades y cualidades, desde las responsabilidades recibidas, desde la tarea que se le asignó.  Al que se le dio más tendrá una carga mayor que aquel a quien se le dio menos; pero tanto a uno como al otro se le exigirá por igual que actúe desde su propia condición de vida con la máxima responsabilidad y diligencia.  El reconocimiento final no se mide por la importancia de la tarea que cada uno desempeñó, sino por la calidad y responsabilidad con que la desempeñó.

Es significativo que para acompañar este evangelio, la Iglesia haya elegido algunos fragmentos del pasaje del libro de los Proverbios que describe a la mujer diligente.  Se trata de un ama de casa de un hogar distinguido, donde hay muchos sirvientes y donde ella debe administrar muchos bienes del hogar.  El fiel desempeño de su tarea y de su misión, su responsabilidad administrativa, la hacen acreedora de la alabanza y de la aprobación de su marido:Es digna de gozar del fruto de sus trabajos y de ser alabada por todos. Ante Dios nadie debe decir que su vida no tiene importancia, que sus habilidades son pocas, que las tareas que se le asignaron en la vida eran pequeñas e insignificantes y que por eso no vale la pena empeñarse y fatigarse para actuar con responsabilidad.

Eso fue lo que le ocurrió al tercer servidor de la parábola, el que recibió sólo un talento.  Hizo un hoyo en la tierra y allí escondió el dinero de su señor. Después, a la hora que debía rendir cuentas, se excusó diciéndole a su patrón: Señor, yo sabía que eres un hombre duro, que quieres cosechar lo que no has plantado y recoger lo que no has sembrado.  Por eso tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra.  Aquí tienes lo tuyo. Esas palabras expresan una idea equivocada del amo.  En realidad significan: tú sólo te fijas en lo importante, en las ganancias grandes, pides más de lo que te puedo dar, y exiges cuentas donde no has dado fondos.  Pero eso no es cierto.  Ante Dios nadie puede considerarse sin importancia porque es pobre, porque no tiene recursos o habilidades, porque no lo han llamado a desempeñar un cargo distinguido.  Cada quien desde su lugar, desde sus habilidades, desde la tarea que le han asignado debe desempeñarse con responsabilidad y debe estar dispuesto a rendir al máximo desde la pequeñez de su cargo.  Dios no le va a pedir al que le dio uno que rinda como el que recibió dos o cinco.  Sino a cada quien se le pedirá cuentas en proporción a los dones recibidos, al encargo asignado, a la tarea y la misión asumida.

La parábola por lo tanto parte de una constatación de la realidad humana.  Las personas somos diferentes en nuestras habilidades, capacidades y en relación con la tarea, el trabajo y la misión que debemos desempeñar.  Esas desigualdades en sí no crean injusticias.  La injusticia proviene de la falta de oportunidades.

La parábola supone que los tres hombres tenían iguales oportunidades para negociar y hacer producir los talentos recibidos.  Nuestro drama es que a las desigualdades naturales se añaden las desigualdades causadas por la falta de oportunidad, por las exclusiones, por las discriminaciones, que no permiten el acceso a una buena educación, a la calidad de la salud, al trabajo, a la justicia, al desarrollo personal y comunitario.  En nuestra sociedad no hay igualdad de oportunidades para que cada uno desarrolle sus propias cualidades y responsabilidades y talentos.  De allí que un empeño moral de todos debe ser la búsqueda de una sociedad en la que prevalezca el bien común, que es aquel conjunto de condiciones que permiten a las personas, familias y comunidades lograr las metas de una vida digna, de una desarrollo integral, de una paz estable.  Roguemos para que las nuevas autoridades recientemente electas trabajen por alcanzar ese bien común como único objetivo legítimo de la autoridad política.  Y también, que cada uno de nosotros, no sólo busque desarrollar sus talentos y responsabilidades mirando sólo el beneficio propio, sino que con nuestras propias acciones contribuyamos también al bien común.

+ Mario Alberto Molina, O.A.R.
Arzobispo de Los Altos, Quetzaltenango – Totonicapán
Nov
8th

Grados del Amor

Al amar, uno va aprendiendo y pasa por diversos grados.  Que esta reflexión nos ayude, primero,  a ver si realmente estamos amando y; segundo, a ver  en qué grado nos encontramos. 

A)     Amar como en el antiguo testamento: en el  a.t. la medida es uno mismo.

  1. Amarme a mi mismo: esa es la medida del a.t.  antes de amar a otros, yo debo primero amar lo que yo soy, empezar a amarme a mí mismo
  2. No hacer al otro lo que no me gustaría a mi que me hicieran: mucho ayuda el que no estorba, si no lo voy a ayudar tampoco lo voy a estorbar; si no le voy a quitar la carga, al menos no se la voy a hacer más pesada.  si no puedo ser parte de sus soluciones tampoco le voy a agregar un problema más.
  3. Hacer al otro lo que a mí me gustaría que me hicieran.  si yo quiero que sean amables conmigo, yo debo ser amable primero.  yo quiero que me saluden, yo debo saludar primero.
  4. Alegrarme con el bien ajeno.  decirle a las otras personas lo importante que son, no esperes que el santo se muera para venerarlo.  cuando uno no se alegra por el bien del otro, es por envidia.

B)     Amar como en el nuevo testamento: en el n.t. la medida ya no somos nosotros mismos, sino que la medida perfecta es cristo.  amar como cristo nos amó.

 

  1. Tomar la iniciativa en el amor: cristo nos amó primero, el tomo la iniciativa.  no decir, si el no me saluda yo no le saludo,  hay veces que no damos el primer paso para perdonar, para ayudar, para saludar, no queremos dar nuestro brazo a torcer, aunque estamos deseando que el otro nos hable y salude.  cuando no somos capaces de dar el primer paso, es por orgullo.
  2. Amar no porque si no a pesar de.  cristo nos ama no porque seamos buenos o santos, sino que nos ama a pesar de que no somos ni buenos ni santos.  amar  como un regalo, no como un premio.
  3. Amar hasta el extremo: entrega total.  fiel hasta el final. amar siempre.  no quedarnos con nada.  amar hasta que nos duela.  darlo todo.  mantener la intensidad del amor hasta el final.

Por. P. Max Vidal
Párroco de la Cocatedral
Mar
16th

LA MISIÓN REQUIERE CONVERSIÓN

LA MISIÓN REQUIERE CONVERSIÓN; lema parroquial durante la CUARESMA

Viviendo la Cuaresma

Durante este tiempo especial de purificación, contamos con una serie de medios concretos que la Iglesia nos propone y que nos ayudan a vivir la dinámica cuaresmal.

Ante todo, la vida de oración, condición indispensable para el encuentro con Dios. En la oración, si el creyente ingresa en el diálogo íntimo con el Señor, deja que la gracia divina penetre su corazón y, a semejanza de Santa María, se abre la oración del Espíritu cooperando a ella con su respuesta libre y generosa (ver Lc 1,38).

Asimismo, también debemos intensificar la escucha y la meditación atenta a la Palabra de Dios, la asistencia frecuente al Sacramento de la Reconciliación y la Eucaristía, lo mismo la práctica del ayuno, según las posibilidades de cada uno.

La mortificación y la renuncia en las circunstancias ordinarias de nuestra vida, también constituyen un medio concreto para vivir el espíritu de Cuaresma. No se trata tanto de crear ocasiones extraordinarias, sino más bien, de saber ofrecer aquellas circunstancias cotidianas que nos son molestas, de aceptar con humildad, gozo y alegría, los distintos contratiempos que se nos presentan a diario. De la misma manera, el saber renunciar a ciertas cosas legítimas nos ayuda a vivir el desapego y desprendimiento.

De entre las distintas prácticas cuaresmales que nos propone la Iglesia, Ia vivencia de Ia caridad ocupa un lugar especial. Así nos lo recuerda San León Magno: “Estos días cuaresmales nos invitan de manera apremiante al ejercicio de Ia caridad; si deseamos Ilegar a la Pascua santificados en nuestro ser, debemos poner un interés especialisimo en la adquisición de esta virtud, que contiene en si a las demás y cubre multitud de pecados”.

Esta vivencia de la caridad debemos vivirla de manera especial con aquél a quien tenemos más cerca, en el ambiente concreto en el que nos movemos. Así, vamos construyendo en el otro “el bien más precioso y efectivo, que es el de Ia coherencia con la propia vocación cristiana” (Juan Pablo II).

Cómo vivir la Cuaresma

1. Arrepintiéndome de mis pecados y confesándome.

Pensar en qué he ofendido a Dios, Nuestro Señor, si me duele haberlo ofendido, si realmente estoy arrepentido. Éste es un muy buen momento del año para llevar a cabo una confesión preparada y de corazón. Revisa los mandamientos de Dios y de la Iglesia para poder hacer una buena confesión. Ayúdate de un libro para estructurar tu confesión. Busca el tiempo para llevarla a cabo.

(más…)

Feb
3rd

45 Jornada de las Comunicaciones Sociales

Evangelizar por Internet no es forzosamente hablar de Dios, sino demostrar nuestro estilo cristiano de vivir en todo lo que publicamos en la Red


Queridos amigos y visitantes de cocatedralsanmiguel.com

Me llamó mucho la atención, al leer ayer el mensaje del Papa para la 45 Jornada de las Comunicaciones Sociales, que esta vez el Santo Padre no se ha dirigido de manera exclusiva a periodistas, locutores, escritores y artistas, como ha sido siempre en estas jornadas, sino que nos ha hablado a todos los cristianos, tratándonos a todos como “comunicadores”.

Me asombró, también, el profundo conocimiento que demuestra el Papa, como si lo viviera cada día, acerca del atractivo de las Redes sociales, de la comunicación con amistades virtuales, de la coherencia de nuestro ser y actuar con el perfil público que mostramos en la red, de la tentación que se pueden presentar de tener una vida paralela en un mundo inexistente.

Me encantaría comentar cada uno de los párrafos de la carta, pero será mucho más interesante para ustedes leerla directamente, porque así podrán disfrutar de la riqueza y sencillez del lenguaje de Benedicto XVI.


Para los que les gustan los resúmenes, destacaré solamente las ideas principales que trata el Papa en su mensaje:

1. El cambio cultural generado por Internet es equiparable al ocasionado por la Revolución Industrial. La extraordinaria potencialidad de sus aplicaciones debe ponerse al servicio del bien de la persona humana.

2. La coherencia que debemos mostrar, como católicos, entre nuestro ser real y nuestro “perfil público” en la Red. Asumir el reto y la obligación de comunicar en las Redes Sociales nuestro pensamiento cristiano sin desvirtuar o relativizar la verdad por buscar la “popularidad”.

3. Evangelizar por Internet no es forzosamente hablar de Dios, sino demostrar nuestro estilo cristiano de vivir en todo lo que publicamos en la Red: opiniones, fotografías, preferencias, comentarios, etc.

4. Cuidarnos de la tentación de tener páginas personales en donde mostremos en nuestro perfil una imagen parcial y distorsionada de de nuestro mundo interior, con afán de autocompacencia

5. Reflexionar acerca de “¿Quién es mi prójimo?” en este nuevo mundo. Los que están a mi lado y los que no lo están. No perder de vista al que está junto a mi, pero tampoco desaprovechar la oportunidad de alimentar amistades y relaciones profundas y duraderas en el mundo virtual, con una comunicación franca, abierta, auténtica, amable y respetuosa.

6. El Papa termina la carta invitándonos a todos los fieles a ser activos participantes en el mundo digital: “Deseo invitar a los cristianos a unirse con confianza y creatividad responsable a la red de relaciones que la era digital ha hecho posible, no simplemente para satisfacer el deseo de estar presentes, sino porque esta red es parte integrante de la vida humana”.


En fin, es una carta bien cortita y bien interesante que ningún católico deberíamos perdernos, pues está dirigida a cada uno de nosotros.

La pueden leer completa aquí:

Administración cocatedralsanmiguel.com