nov
17th

Agradecimiento de la Comunidad de Ciudad de los Niños, Costa Rica

Hace algunos días nuestra Guatemala fue afectada por las fuertes lluvias, en nuestras comunidades pasamos por momentos difíciles, y desde Ciudad de los Niños Costa Rica nos enviaron una ayuda económica, que agradecemos por este medio. 

Fray Ignacio Jimenez se contactó con nosotros a través de nuestro website y pudimos coordinar la ayuda, es momento entonces de agradecer este gesto tan generoso de nuestros hermanos y a nombre de la Cocatedral de San Miguel enviar nuestro sincero agradecimiento a todos los hermanos de Costa Rica que apoyaron con esta noble causa. 

Así mismo les enviamos una carta de agradecimiento redactada por el párroco de nuestra Cocatedral, P. Max Ozuna, OAR. 

Les deseamos muchas bendiciones y una vez más miles de gracias!!!!

nov
14th

Convivencia Parroquial 2011

CONVIVENCIA PARROQUIAL 2011

LA MISIÓN DE JESÚS:

¡ES NUESTRA MISIÓN PARROQUIAL!

 Con el fin de promover entre las organizaciones vivas de la parroquia de San Miguel Arcángel, un verdadero encuentro con Jesucristo vivo y con los hermanos, haciendo nuestra la misión de Jesús.

La Parroquia de San Miguel Arcángel, realizará este año la primera Convivencia Parroquial 2011, bajo el lema: LA MISIÓN DE JESÚS: ¡ES NUESTRA MISIÓN PARROQUIAL!

La actividad se llevará a cabo los días sábado 10 y domingo 11 de diciembre, en el salón de usos múltiples, de 9 a 19 horas.

Habrá: Exposición del Santísimo, predicas, exposiciones, teatro, festival de coros, celebración de la Santa Misa, servicio médico gratuito. 

Según el Consejo Pastoral Parroquial con esta actividad se pretende:

*Fomentar el apoyo mutuo entre las fuerzas vivas de la parroquia, de manera que formemos una verdadera comunidad parroquial donde reine la unidad.

 *Promover a nivel parroquial los diferentes carismas de los movimientos, hermandades y sociedades existentes en nuestra parroquia y asimismo  dar a conocer a todos fieles católicos de nuestra parroquia el trabajo que desarrollan las pastorales.

*Hacer práctica la misión de Jesús por medio de la caridad y el servicio.

Convivencia Parroquial 2011

 

ENTRADA GRATUITA

Los esperamos y así juntos pasaremos un momento inolvidable!!!

nov
13th

Homilía Domingo 33° Ordinario 13 de noviembre de 2011 – Ciclo A

La parábola de los talentos nos convoca a la responsabilidad.  Jesús cuenta la parábola en el contexto de su enseñanza acerca de las realidades finales, para recordarnos que debemos dar cuenta a Dios de nuestra gestión en esta vida.  Somos responsables ante Dios del modo como hemos empleado nuestras habilidades y cómo hemos desempeñado nuestros cargos y tareas, puesto que es ese mismo Dios quien nos ha dado la vida para que lo conozcamos, lo amemos y lleguemos por las buenas obras y con la ayuda de su gracia a la plenitud la que Él nos creó en primer lugar.

El talento era una moneda de muchísimo valor.  En la parábola, el propietario que va a salir de viaje deja en manos de unos servidores de su confianza diversas cantidades de dinero.  A uno le deja cinco, a otro dos y a otro solamente un talento.  El propietario que sale de viaje es Dios, que nos entrega la vida y este mundo para que lo administremos.  El viaje del propietario es un signo de la autonomía y de la libertad con la que actuamos en esta vida.  Dios no es el policía que está encima de nosotros vigilándonos y corrigiéndonos hora tras hora.  Así como aquellos servidores debían actuar según sus habilidades y recursos, sin poder preguntarle a cada momento a su patrón cómo y qué debían hacer, así también nosotros en este mundo tenemos libertad y autonomía para actuar.  Sin embargo, no estamos del todo ciegos.  Dios nos ha dado sus mandamientos y Jesucristo nos ha legado su evangelio.  Tenemos cabeza y razón para pensar y descubrir lo que es verdadero, lo que es justo, lo que es bueno.  La vida está en nuestras manos, pero para gobernarla con responsabilidad, sabiendo que debemos dar cuentas a Dios, quien nos la dio, de lo que hagamos en ella.

En la parábola el propietario no reparte sus bienes en partes iguales para que cada empleado tenga igual responsabilidad.  Así también ocurre en este mundo.  Nacemos con diversas habilidades, aprovechamos de muy diverso modo las oportunidades que se nos presentan, nos asignan tareas y responsabilidades muy distintas.  Hay personas que reciben responsabilidades, tareas y misiones grandes y de gran incidencia; hay otras que tienen tareas y responsabilidades más modestas y de menor incidencia.  Si bien es verdad que todas las personas son iguales en dignidad, somos todos diferentes en habilidades, capacidades y también en las tareas y trabajos que nos toca desempeñar.  Pero todos debemos emplear nuestras capacidades y habilidades al máximo; todos debemos cumplir nuestra misión y tarea con la máxima responsabilidad.

En la parábola, dos de los tres empleados hicieron que el dinero recibido rindiera sus frutos.  Ambos duplicaron el capital recibido.  El que había recibido cinco, produjo otros cinco.  El que había recibido dos, produjo otros dos.  Al rendir cuentas ante su patrono, ambos escucharon las mismas palabras de aprobación de parte de él: Te felicito, siervo bueno y fiel.  Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho valor.  Entra a tomar parte en la alegría de tu señor. Por supuesto que el que había recibido cinco tuvo una mayor responsabilidad que el que había recibido sólo dos.  Pero la medida de la aprobación no es el tamaño de la responsabilidad, grande o pequeña.  La medida de la aprobación final corresponde al esfuerzo empleado en desempeñar la misión recibida de manera eficiente y cabal.  Así también actúa Dios con nosotros.  Nos pedirá que cada uno el fruto de nuestro trabajo y desempeño, desde sus habilidades y cualidades, desde las responsabilidades recibidas, desde la tarea que se le asignó.  Al que se le dio más tendrá una carga mayor que aquel a quien se le dio menos; pero tanto a uno como al otro se le exigirá por igual que actúe desde su propia condición de vida con la máxima responsabilidad y diligencia.  El reconocimiento final no se mide por la importancia de la tarea que cada uno desempeñó, sino por la calidad y responsabilidad con que la desempeñó.

Es significativo que para acompañar este evangelio, la Iglesia haya elegido algunos fragmentos del pasaje del libro de los Proverbios que describe a la mujer diligente.  Se trata de un ama de casa de un hogar distinguido, donde hay muchos sirvientes y donde ella debe administrar muchos bienes del hogar.  El fiel desempeño de su tarea y de su misión, su responsabilidad administrativa, la hacen acreedora de la alabanza y de la aprobación de su marido:Es digna de gozar del fruto de sus trabajos y de ser alabada por todos. Ante Dios nadie debe decir que su vida no tiene importancia, que sus habilidades son pocas, que las tareas que se le asignaron en la vida eran pequeñas e insignificantes y que por eso no vale la pena empeñarse y fatigarse para actuar con responsabilidad.

Eso fue lo que le ocurrió al tercer servidor de la parábola, el que recibió sólo un talento.  Hizo un hoyo en la tierra y allí escondió el dinero de su señor. Después, a la hora que debía rendir cuentas, se excusó diciéndole a su patrón: Señor, yo sabía que eres un hombre duro, que quieres cosechar lo que no has plantado y recoger lo que no has sembrado.  Por eso tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra.  Aquí tienes lo tuyo. Esas palabras expresan una idea equivocada del amo.  En realidad significan: tú sólo te fijas en lo importante, en las ganancias grandes, pides más de lo que te puedo dar, y exiges cuentas donde no has dado fondos.  Pero eso no es cierto.  Ante Dios nadie puede considerarse sin importancia porque es pobre, porque no tiene recursos o habilidades, porque no lo han llamado a desempeñar un cargo distinguido.  Cada quien desde su lugar, desde sus habilidades, desde la tarea que le han asignado debe desempeñarse con responsabilidad y debe estar dispuesto a rendir al máximo desde la pequeñez de su cargo.  Dios no le va a pedir al que le dio uno que rinda como el que recibió dos o cinco.  Sino a cada quien se le pedirá cuentas en proporción a los dones recibidos, al encargo asignado, a la tarea y la misión asumida.

La parábola por lo tanto parte de una constatación de la realidad humana.  Las personas somos diferentes en nuestras habilidades, capacidades y en relación con la tarea, el trabajo y la misión que debemos desempeñar.  Esas desigualdades en sí no crean injusticias.  La injusticia proviene de la falta de oportunidades.

La parábola supone que los tres hombres tenían iguales oportunidades para negociar y hacer producir los talentos recibidos.  Nuestro drama es que a las desigualdades naturales se añaden las desigualdades causadas por la falta de oportunidad, por las exclusiones, por las discriminaciones, que no permiten el acceso a una buena educación, a la calidad de la salud, al trabajo, a la justicia, al desarrollo personal y comunitario.  En nuestra sociedad no hay igualdad de oportunidades para que cada uno desarrolle sus propias cualidades y responsabilidades y talentos.  De allí que un empeño moral de todos debe ser la búsqueda de una sociedad en la que prevalezca el bien común, que es aquel conjunto de condiciones que permiten a las personas, familias y comunidades lograr las metas de una vida digna, de una desarrollo integral, de una paz estable.  Roguemos para que las nuevas autoridades recientemente electas trabajen por alcanzar ese bien común como único objetivo legítimo de la autoridad política.  Y también, que cada uno de nosotros, no sólo busque desarrollar sus talentos y responsabilidades mirando sólo el beneficio propio, sino que con nuestras propias acciones contribuyamos también al bien común.

+ Mario Alberto Molina, O.A.R.
Arzobispo de Los Altos, Quetzaltenango – Totonicapán
nov
8th

Grados del Amor

Al amar, uno va aprendiendo y pasa por diversos grados.  Que esta reflexión nos ayude, primero,  a ver si realmente estamos amando y; segundo, a ver  en qué grado nos encontramos. 

A)     Amar como en el antiguo testamento: en el  a.t. la medida es uno mismo.

  1. Amarme a mi mismo: esa es la medida del a.t.  antes de amar a otros, yo debo primero amar lo que yo soy, empezar a amarme a mí mismo
  2. No hacer al otro lo que no me gustaría a mi que me hicieran: mucho ayuda el que no estorba, si no lo voy a ayudar tampoco lo voy a estorbar; si no le voy a quitar la carga, al menos no se la voy a hacer más pesada.  si no puedo ser parte de sus soluciones tampoco le voy a agregar un problema más.
  3. Hacer al otro lo que a mí me gustaría que me hicieran.  si yo quiero que sean amables conmigo, yo debo ser amable primero.  yo quiero que me saluden, yo debo saludar primero.
  4. Alegrarme con el bien ajeno.  decirle a las otras personas lo importante que son, no esperes que el santo se muera para venerarlo.  cuando uno no se alegra por el bien del otro, es por envidia.

B)     Amar como en el nuevo testamento: en el n.t. la medida ya no somos nosotros mismos, sino que la medida perfecta es cristo.  amar como cristo nos amó.

 

  1. Tomar la iniciativa en el amor: cristo nos amó primero, el tomo la iniciativa.  no decir, si el no me saluda yo no le saludo,  hay veces que no damos el primer paso para perdonar, para ayudar, para saludar, no queremos dar nuestro brazo a torcer, aunque estamos deseando que el otro nos hable y salude.  cuando no somos capaces de dar el primer paso, es por orgullo.
  2. Amar no porque si no a pesar de.  cristo nos ama no porque seamos buenos o santos, sino que nos ama a pesar de que no somos ni buenos ni santos.  amar  como un regalo, no como un premio.
  3. Amar hasta el extremo: entrega total.  fiel hasta el final. amar siempre.  no quedarnos con nada.  amar hasta que nos duela.  darlo todo.  mantener la intensidad del amor hasta el final.

Por. P. Max Vidal
Párroco de la Cocatedral